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“Es literatura popular en el sentido más puro del término, un juego continuo intentando desconcertar, conmover, despistar y hacer reír al lector”

Salió Putaparió para ubicarse como el quinto tomo de "Gillette", la saga con la que Ezequiel Dellutri nos conquistó hace ya algunos años. Alambre de púas, la entrega anterior, nos había dejado, como siempre, con ganas de más. ¿Qué nos traen Simón y Jeremías? ¿Cómo evoluciona la trama? ¿Cuántos libros más conformarán esta historia? ¿Cuándo podremos ver a esta dupla en pantalla? Todas preguntas que, por suerte, tienen respuesta.

1. Ezequiel, acaba de salir Putaparió, la quinta entrega de tu saga “Gillette”.  ¿Qué nos traen Simón León y Jeremías?

Para mí, es una profunda alegría que Gillette y Simón estén de nuevo en la calle, que es su hábitat natural. Cada libro es distinto, pero aunque este sigue teniendo la química característica de la dupla, funciona como una ampliación de la mitología gillettiana, si se me permite el término. Vamos a cruzarnos de nuevo con la familia de Jeremías, que ya había aparecido en Malaventuranzas, pero además metemos la nariz en el mundo de Simón León, un universo que apenas había aparecido. Putaparió es, además, la más extensa de las novelas de la serie. Te diría que hay Gillette para empacharse.

2. Leí en alguna nota que pensaste en una saga de nueve libros, y ya hace tres años habías escrito por lo menos seis.  Además de tomar la saga detectivesca de Sherlock Holmes y el policial de enigma, no puedo dejar de pensar en una similitud con George Lucas y Star Wars, en el sentido de haber pensado la saga casi completa en su momento, e ir estrenándola a medida que los avances tecnológicos y los efectos especiales se lo permitían. En tu caso, podríamos pensar que el orden de edición se debe a una evolución entre la dinámica de los protagonistas y la temática: los vínculos filiales en Todo queda en familia, la amistad en Nunca me faltes, la religión en Malaventuranzas y el hecho de afrontar las heridas de la vida en Alambre de púas. En Putaparió, nos encontramos con los límites del amor y la literatura como construcción de vínculos.  ¿Cómo fue pensar esta “historia total” y segmentarla según temáticas medulares?

La experiencia de escribir la primera novela de la serie, Todo queda en familia, fue tan atrapante que al terminarla ya tenía en mente la siguiente. Cada novela trata un caso en particular, pero a su vez, suma elementos al mundo de Gillette. Las duplas de investigadores suelen generar una cantidad interminable de novelas, pero desde el comienzo supe que quería darle un final. Primero pensé en nueve, como vos decís, pero después decidí achicarme, porque el esquema del policial es muy reiterativo y no quería escribir siempre las mismas historias. Así que reduje la cantidad: la próxima novela de Gillette va a ser también el cierre de la historia. Quiero que los lectores tengan la experiencia completa, que los personajes crezcan hasta el final y que no se estanquen. Siento, también, que es un esquema muy propio del folletín, de los relatos pulps, de las viejas novelas de aventuras, de los cómics. Me gusta trabajar con este tipo de entrecruzamientos, con géneros que son callejeros en el mejor sentido del término.

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3. ¿Quién es Balvina y cómo se vincula con la investigación?

Balvina es la sobrina de Simón León. Por cuestiones que son explicadas en la novela, va a tener que compartir unos días con su tío. Un asesinato dentro de la misma familia —no quiero adelantarme, pero muere uno de los pequeños personajes emblemáticos de la serie— la va a llevar a convertirse en investigadora junto con Ruky, la novia muda de León. Ella misma va a contar sus aventuras en una serie de insertos paralelos a la historia principal.

4. Los nombres de los personajes, complicados y en rima, generan en la lectura la idea de un artificio explícito, un juego, un guiño que, sin embargo, se acomoda con naturalidad al presentarnos un narrador creíble, verosímil, un escenario identificable. ¿Quiénes han sido tus influencias a la hora de escribir?

Lo que decís es cierto: la mitología gillettiana es un enorme juego que ya está dado desde los mismos nombres. Es literatura popular en el sentido más puro del término, un juego continuo intentando desconcertar, conmover, despistar y hacer reír al lector. Soy admirador de Sherlock Holmes, pero no tanto de los casos que resuelve como de su mitología. Intenté llevar al extremo esa idea y hacer que el mundo de mis personajes se expandiera en cada nueva novela. Por otra parte, sería injusto no mencionar a John Irving, autor del que aprendí la importancia de saber contar al límite del realismo. Cada novela suya es una clase magistral sobre el arte de narrar.

5. El año pasado fue muy importante para vos: ganaste el Premio Norma con Koi y, con Carroña, el Premio Internacional de Novela Negra. ¿En qué momento de tu vida te encuentran estos reconocimientos?

Todo esto no es más que un reconocimiento a mi testarudez. Son más de veinte años de trabajo, de remar en medio de la tormenta, de dudar, de preguntarme por qué hacer literatura cuando a nadie parecía interesarle lo que escribía.

Yendo a lo concreto, con Carroña probé meterme un poco más en el universo de la novela negra y medirme con otros personajes ajenos a las historias de Gillette. Abandoné la voz de León, que me queda muy cómoda, para meterme en la cabeza de Julia, una mujer que se dedica a hacer desaparecer cuerpos para distintas organizaciones criminales. Fue una enorme alegría haber ganado el premio. La literatura policial es técnicamente compleja, requiere la utilización de numerosos recursos y de un tallado rápido y certero de los personajes. Bajo su apariencia de simpleza, se esconde mucha dificultad de ejecución, al menos desde mi experiencia.

Con Koi, la novela juvenil que ganó el premio Norma, decidí dejar de lado la técnica y centrarme en una historia sencilla que necesitaba contar, que tenía atravesada en mi garganta literaria desde hacía un tiempo. Es una novela muy distinta a mis relatos negros, así que el lector de Gillette se va sorprender porque está jugada desde el lugar de la emoción antes que del misterio o el humor.

6. Sos profesor de Literatura, además de un gran promotor de la lectura. En la Feria del Libro del año pasado, varios chicxs  se acercaron en busca de la saga y, comentaban, orgullosos, que eran alumnxs tuyos. ¿Cuáles crees que son las potencias transformadoras de la literatura? ¿Qué tratas de transmitirles a tus alumnos?

Creo que todos los que escribimos debemos tomarnos muy en serio la promoción de la lectura, porque es la única manera de darle continuidad a lo que hacemos. Poder inspirar a otros para que lean es uno de los desafíos más hermosos que asumí. La literatura es una forma de vincularnos. Nos saca de lo cercano y nos permite aproximarnos a experiencias diferentes, a visiones del mundo que confrontan con la propia. Muchas veces pienso que me gustaría volver a leer como lo hacía en la adolescencia, con esa intensidad. Tener la posibilidad de compartir mis lecturas y, en cierta medida, mis libros con mis alumnos es recuperar algo de todo eso, un sentimiento egoísta disfrazado de altruismo.

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 7. ¿Cómo ves el panorama actual del género policial en Argentina? ¿Te inscribís en alguna tradición? ¿Un Borges? ¿Un Walsh?

Argentina es un poco un país de novela negra. Hubo y hay grandes maestros del policial, pero no tantos del relato detectivesco, que para encuadrarse dentro de esa tradición necesita continuidad: los personajes deben ir de un caso a otro, es decir de una novela o cuento a otro. También, me parece que es difícil trabajarlo desde el punto de vista editorial, porque se corren riesgos importantes que no todos están dispuestos a asumir, sobre todo con autores nóveles. Con la colección Opus Nigrum y la saga Gillette, la editorial Vestales ha dado muestras de un compromiso que agradezco como escritor.

8. ¿Cómo son tus rutinas de escritura? ¿Escribís en algún horario en particular? ¿Algún lugar especial? ¿Escuchás música?

Escribo en cualquier lado, siempre con urgencia aunque nunca me pude explicar por qué. La escritura no es algo que se da solo frente al teclado; como soy un autor de tramas y personajes, hay cosas que resolver y eso demanda tiempo pensando en la historia. En mi experiencia, la escritura es una obsesión.

Durante años, escribí en cuadernos, pero después fui pasando a la computadora y ahora solo recurro al papel en determinados momentos. Descreo de los rituales de escritura y creo ser riguroso en la forma de enfocar mi trabajo. Usualmente, escribo de noche —aunque reniego, soy un noctámbulo incurable— y corrijo por la mañana. Escucho música, muchísima, pero no cuando escribo. Ahí es solo el ruidito de mi cabeza tratando de engranar.

9. ¿Un deseo para vos?

No sé… ¿una serie de Gillette para la pantalla chica? Tal vez sea pedir demasiado, pero no estaría nada mal.

 

 

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