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Actualidad, Entrevistas, Histórico, Lecturas, Literatura, Romántica

“Siempre diré que para mí escribir es mágico, es como una película que voy mirando en mi cabeza”

Adriana es historiadora, abogada y docente. Desde la publicación de su primera novela con Vestales, Curuzú Gil, no paró y desarrolló con maestría diversos géneros como el romance, el thriller y el terror. El nombre del canalla es su última novela, en la que retoma –en Corrientes, como siempre el escenario privilegiado– los vestigios de una historia que marcó una época de esplendor para luego convertirse en proyecto trunco y ruinas. ¿Qué pasa con la historia y la ficción y con la transmisión de los saberes? Aquí la entrevista que realizamos con ella y en la que charlamos sobre todo.

 

1. ¿Cómo surgió la escritura de El nombre del canalla?

Estaba escribiendo una novela y el personaje de Dante comenzó a perseguirme, a obsesionarme, y ya no pude continuar con la otra. Este hombre precisaba atención.  Pero lo que “veía”de él era confuso, a veces era un caballero, otras un bribón, un usurero, de modo que era un personaje muy rico, sólo había que desentrañar su historia, el por qué de esa dualidad. Y poco a poco fueron surgiendo los secundarios, partes de sus vidas, escenas, hasta que comencé a plasmar en papel aquello que se iba presentando ante mis ojos. Siempre diré que para mí escribir es mágico, es como una película que voy mirando en mi cabeza, y ni yo sé cuál será el final de la historia, hasta no ver toda esa “película”, y es lo que más me gusta de escribir en forma desorganizada: el hecho de ser la escritora, pero también la primer lectora.

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2. La Ciudad de Invierno fue, en efecto, un proyecto mayúsculo que se realizó en Corrientes y que dejó de funcionar a los tres meses por las consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo es convivir con ese gigante en ruinas?

Es triste, lamentable que se haya perdido una parte tan importante de la historia de Corrientes. Que hoy sólo queden las ruinas de una edificación que pudo ser magnífica. Duele ver lo que fue de ella, cuando pudo haber sido mucho más. Me imagino las historias que sus ruinas encerrarán, los gritos silenciosos de los que no quieren ser olvidados, los espíritus que yacen entre sus columnatas enmohecidas.

 3. ¿Quién es Dante Rivera y cómo fue la construcción de ese personaje?

Este personaje nació en El Farol del Diablo. Cuando surgió una escena en la que el protagonista de El Farol del Diablo debía contactar por razones de la trama, con un hombre que tenía en su puño a la mitad de la fauna delictiva de los Barrios Bajos. Este personaje está muy bien perfilado, demasiado para ser sólo un secundario. Te diría que su historia ya se estaba gestando. Dante Rivera es dos personas a la vez, una víctima y un victimario, un ángel y un demonio, un caballero y un canalla. Es lo que pudo ser y lo que es, y de acuerdo a las circunstancias en las que se encuentre es una u otra cosa.

 4. ¿En qué/quién te inspiraste para la constitución de un personaje tan importante y anómalo para la época como lo es Virginia?

 Virginia representa a esas mujeres de principios de siglo que comienzan a luchar por ser consideradas iguales a los hombres. Pero que, si bien comulga con las nuevas ideas, tampoco deja de lado sus creencias, sus valores morales, la crianza que tuvo en su casa de manos de mujeres fuertes también, pero atadas a una serie de normas sociales en su momento incuestionables.  Debo confesar que surgió a raíz de un conflicto: a veces creo que las mujeres actuales repiten frases del feminismo de antaño, pero luchando por causas que no son importantes para todas las mujeres en general, y pensé en revalorizar a esas damas cuya causa de lucha era la libertad de escoger por sí mismas a sus parejas, de tener los mismos derechos que los hombres sobre los hijos, de votar, de ser consideradas parte de una sociedad moderna, esas mujeres que dieron origen al feminismo, y que lo hicieron sin sacrificar su femineidad ni sus valores morales. En Virginia confluyen todas estas mujeres, las feministas de principios del siglo XX, aquellas que luchaban por sus ideales, por el bienestar de todo el género. Pero además, es la mujer fuerte y decidida que pretendo plasmar en todas mis novelas.

 5. Corrientes suele presentarse como el escenario privilegiado para contar tus historias, retomas leyendas populares, las amplias y las ficcionalizas. ¿Qué lugar ocupa para vos la transmisión de la historia y la cultura y el cruce entre ficción y realidad?

La Historia es un marco para mis novelas. Es el escenario donde se desarrolla  la ficción. Intento no aburrir al lector con páginas y páginas de datos históricos, por el contrario, me gusta conseguir que conozca la historia de mi provincia a través de detalles, de pequeños párrafos que no desvíen en demasía la atención de lo que está sucediendo con los personajes, de diálogos que acompañen la trama, no caer en lo expositivo, sino que todo fluya con naturalidad. Las creencias populares forman parte de Corrientes, al igual que el río, los bosques, la división social tan arraigada desde el siglo XIX. Si bien muchas costumbres se fueron perdiendo en la ciudad capital, en el interior de la provincia todavía se mantienen hábitos que tienen que ver con espantar espíritus, conjurar duendes, brujerías, etc. Y allí está el encanto de ambientar mis novelas en Corrientes: esa mezcla entre la fantasía y la realidad, lo viejo y lo nuevo. Y lo que más disfruto es el arte de mimetizar la fantasía en la realidad de tal manera que los lectores no sepan distinguir qué sucedió en verdad y que no, donde está la realidad y dónde comienza mi creatividad.

 6. Sos una escritora muy prolífica que ha abordado un amplio arco temático, como la literatura romántica, el suspenso, el thriller y la historia. ¿Hay algún género con el que te sientas más cómoda? ¿Alguno que te presente mayores desafíos?

Me siento más que cómoda, fascinada con el género del terror. Me encanta. Espero hacerlo bien, e intento suscitar de alguna manera ese sentimiento de opresión, miedo, que una persona puede experimentar al ver una película. No es sencillo, pero creo que algún día conseguiré hacerlo tan bien que mis lectoras al leerme, no querrán apagar la luz. Pero también me siento cómoda con el romance, un género que he leído desde muy chica. Por eso me gusta mezclarlos. Lo más desafiante es trabajar un thriller, requiere cierto conocimiento del género policial, género que no he leído mucho, confieso, pero que me gusta también.

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 7. ¿Qué autores te han influenciado a la hora de escribir?

Amanda Quick, Lisa kleypas, Stephen king, John Saul, Nanase Okawa, Minami Ozaki, como principales.

 8. ¿Cómo son tus jornadas de trabajo? ¿Tenés algún lugar u horario en particular para trabajar? ¿Escuchas música?

Escribo cuando tengo tiempo libre, pero cuando estoy inspirada, en cuanto pueda conectarme con una computadora. Una novela, recuerdo, la escribí durante mis vacaciones de invierno y llegué a estar frente a la computadora 11 horas seguidas. Por lo general trabajo en la mañana, si puedo, en la madrugada, antes de salir de casa, y en la tarde me dedico a releer lo escrito y hacer pequeños cambios, si son necesarios. Escucho música, de acuerdo al ambiente de la novela. Si es suspenso, Thriller o terror, escucho gótica, dark o clásica de piano. Si es romance, escucho canciones de Dyango, Julio Iglesias, Kenny Rogers, J-pop. Y si es una novela donde el paisaje es importante, en particular si está ambientada en el interior de Corrientes, escucho las canciones de Pocho Roch, una de Los Imaguaré. Y en cuanto al lugar, puedo escribir en cualquier parte, siempre que el lugar esté en orden, sin un papel en el suelo, todo en su debido lugar. Por lo general trabajo en el escritorio, junto a la ventana, o si hace frío, en la cama.

 9. ¿En qué momento de tu vida llega El nombre del canalla? ¿Cómo sentís que ha sido tu recorrido como escritora, luego de varios títulos y mucha producción en no tantos años?

El nombre del canalla comenzó a gestarse durante El Farol del Diablo, donde aparece el personaje. Estaba tan bien caracterizado, que me imaginé partes de su historia, aunque todavía no lo sabía todo sobre él. Varias lectoras que comentaron que el personaje les había gustado y entonces empecé a profundizar en mis conocimientos sobre él. Luego me encontré con un libro sobre La Mansión de Invierno, y fotografías de la época. El ambiente también se fue creando. No fue una novela sencilla porque la historia no gira sólo alrededor de los personajes principales, hay otras parejas, otros conflictos y poco a poco, con el trabajo diario, se fue terminando de tejer esta historia. Estoy muy agradecida con la editorial porque me apoya, ha sabido ver en mí  el potencial que tenía, y me da mucha libertad para ser creativa y aprovechar mis conocimientos de Historia. No fue un recorrido fácil, nada es fácil, especialmente en un ambiente donde dependes de capturar la atención no sólo de editores, sino del público, y siempre están esos nervios de si a las lectoras les gustará lo que escribiste, si se sentirán interesadas en los personajes, si los amarán. Pero escribir es una experiencia maravillosa, y que las lectoras luego se comuniquen para decirte cuánto les gustó tu obra es sublime.

 10. ¿Un deseo para vos?

 Seguir escribiendo, creando personajes que amarás u odiarás, porque es lo que me gusta hacer, y que los lectores disfruten de ellos tanto como yo.

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Aventura, Histórico, Lecturas, Romántica

“Sentía que Gérard, ubicado detrás de mí y espiando el monitor sobre mi hombro, me peleaba, cuestionaba lo que escribía sobre él”

Susana Biset y Demonio de los mares

La publicación de Demonio de los mares ofició de perfecta excusa para conversar con su autora, Susana Biset, que nos contó qué nos trae esta novela que, junto a más de 14 títulos, la convierten en una de las escritoras cordobesas más prolíficas.

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1. ¿Cómo surgió la escritura de Demonio de los mares?

Me encanta relatar historias de aventuras donde las destrezas y el ingenio del ser humano son explotados al máximo. En aquel entonces vivía con un importante ingeniero y carpintero naval. Lejos de mi tierra y gracias al conjunto de sentimientos encontrados que me inundaban entera, ello volvió fácil armar las aventuras del demonio en su preciosa nave La Liberté. A orillas del encantador océano Pacífico, observando los innumerables y poderosos barcos que día a día entraban y salían de uno de sus puertos, la historia brotó.

 2. ¿Cómo fue la construcción de un personaje tan complejo como Gérard Deprieux?

Demonio de los Mares es la novela que más refleja mi alma. Mis personajes me hablan continuamente y cuando nació el demonio, lo describí más bueno y generoso. Pero cuando releía mi historia, sentía que Gérard, ubicado detrás de mí y espiando el monitor sobre mi hombro, me peleaba, cuestionando lo que escribía sobre él. Entonces él terminó manejando mi teclado, volviéndose mucho más bravo e inclemente.

3. Teniendo en cuenta el contexto y el ámbito marítimo, mayoritariamente masculino, ¿cómo fue pensar en Nandi, una mujer rebelde e indócil y su convivencia con ese mundo?

¡Eso es! En un mundo mayoritariamente masculino mi salvaje malgache debía parecerse lo más posible a ellos; cuestionadora, testaruda y siempre buscando imponerse sin perder su atrapante femineidad.

4. ¿Hubo alguna escena que, por alguna razón, te conmovió particularmente o tuviste que reescribirla varias veces? ¿Por qué?

La que me conmovió hasta el llanto fue la lucha interna de Jacques por superar los monstruos de su pasado y enfrentar con valor un futuro repleto de peligros. ¡Las que debí reescribir fueron las del demonio! Intenso y autoritario, como dije, muchas veces no estaba de acuerdo con mi escritura.

5. Llevas publicadas alrededor de quince novelas, con una trayectoria de más de diez años. ¿Cómo te encuentra la edición de Demonio de los mares? ¿Cómo sentís que ha sido tu recorrido como escritora en todo este tiempo?

Hacía mucho que quería publicar Demonio de los mares porque me pinta como soy, una mezcla de Nandi y Nuil. Me siento tranquila, riéndome mucho de mis continuos disparates y disfrutando de cada minuto de mi asombrosa vida; una que ustedes, editores y lectores, han contribuido a embellecer.

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 6. Sos una lectora muy ávida, y te vemos todos los últimos miércoles del mes en el living de Secretos Compartidos. ¿Lees todos los géneros? ¿Quiénes han influenciado tu escritura?

Cuando, en charlas públicas o privadas, me preguntan quiénes son mis ejemplos a seguir, segura nombro a Indiana Jones, Tarzán, Salgari y sus tigrecitos de Malasia, y aquellos que, en pos de seguir su espíritu aventurero, han dejado atrás casi todo.

 7. ¿Cómo es tu jornada de trabajo de escritura? ¿Lo hacés en algún lugar u horario en particular? ¿Escuchas música?

Vivo escribiendo; en mi cabeza cuando hago trámites bancarios, con mis nietos cuando inventamos historias de aventuras, y junto a mi pc. ¡La vida misma me inspira a cada instante! Cuando escribo, escucho música de películas, tranquila y exaltadora a la vez; los tonos suaves me enternecen en las situaciones más conmovedoras de mis historias, y las notas altas me conducen a la batalla, a insistir a pesar de cualquier inconveniente.

 8. ¿Un deseo para vos?

 No tengo deseos. Mi paraíso es cada momento.                          

 

Entrevistas, Histórico, Lecturas, Literatura, Thriller

Las heroínas pueden serlo en todas las épocas y siglos, pero no me creo las historias de época en las que ella se comporta y habla como una mujer moderna del siglo XXI.

Reeditamos El club de la orquídea y, para festejar, nos contactamos con su autora, Ebony Clark. Ebony nos contó qué cambió en su vida a partir de la escritura, cómo la desarrolla y qué personaje fue el que más le costó construir.

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1. ¿Cómo llegó a tu vida la escritura?

Bueno, en primer lugar quería agradeceros que hayáis contactado conmigo con motivo de la reedición de mi novela. Con respecto a tu pregunta, te cuento que escribo desde mi etapa escolar. Al principio, eran pequeños relatos y después, durante el bachiller, comencé a leer por curiosidad esas historias que publicaban en Harlequín. Al poco, me sabían a eso, a poco. Empecé a devorar las historias de época de  Regencia y Victoriana… Supe que esa era la línea que quería seguir en romántica/histórica. Y al mismo tiempo, también empecé a escribir historias más modernas ambientadas en ranchos, y así fue como surgieron mis vaqueros modernos: Clyde y los hermanos McKenzie.

2. ¿Quiénes fueron tus mayores influencias?

Las hermanas Brönte, Lisa Kleypas, Virginia Henley, Jude Deveraux, Amanda Quick… Hay títulos que son auténticas joyas y puedes leer y releer mil veces y siempre emocionarte al final.

3. ¿Escribís en algún lugar en particular? ¿Algún horario? ¿Escuchás música?

Soy poco disciplinada y cuando leo entrevistas de otras autoras que tienen su horario fijo y su espacio, no sabes cómo las envidio. Yo escribo en casa o en el parque mientras mi marido vigila cómo juega mi hija pequeña. La verdad es que no tengo horario, soy bastante desorganizada… Hay días que estoy tan metida en investigar y leer artículos y libros de historia relacionados con la ambientación de la novela, que no escribo una línea. Otros, tengo la musa sobre el hombro y me siento de noche y se me hace la madrugada… o vuelvo a parar porque hay algún detalle histórico que no me cuadra o me falta… Soy un poco desastre, lo reconozco. Pero al final, todo va encajando. Y la música siempre. Bandas sonoras: Orgullo y Prejuicio, Gladiator, El Último Mohicano, La Misión… esa es la que me inspira.

4. Nos encontramos con la reedición de El club de la orquídea. ¿Cómo es tu relación con la novela, luego de cinco años de su publicación?

Pues qué te puedo decir. Me encanta El club… Adoro a los personajes y desde el principio me gustó el resultado. Creo que salió lo que yo quería que saliese, lo que tenía en mente. Así que un poco, por ser la última histórica y por lo mucho que le dediqué, creo que ha sido una de mis novelas más completas. Creo que El club… muestra mucho de mi evolución como escritora y le tengo un cariño especial además, porque el equipo de Vestales y en especial Mercedes, mi editora, puso mucho mimo en ella. De hecho, El Club de la orquídea es mi portada favorita, significó mucho para mí en su momento y sigo trayéndome magníficos recuerdos.

5. ¿Por qué elegiste ese contexto histórico y la recreación de la leyenda popular?

La época Victoriana me atrapó desde siempre.  Confieso que mi novela preferida, con sus adaptaciones cinematográficas y televisivas (las tengo todas) es Jane Eyre. No podía ser de otro modo, tenía que escribir en esa época, porque realmente me fascina todo de ella: el contexto histórico, un siglo XIX convulso política y socialmente, el colonialismo, la expansión por África… la doble moral victoriana, las conspiraciones, los romances… En mi opinión, es una etapa perfecta que puede combinar todos los ingredientes necesarios para crear una buena historia. Y en cuanto al mito que aborda la novela, Spring Heeld Jack, me apetecía mucho contar algo de ese estilo, aunque se ha escrito tanto sobre “Jack, El Destripador” que quería que fuera algo nuevo, algo sobre lo que no se hubiera escrito nada o poco… Y así, hurgando entre revistas de historia y páginas de internet, encontré a ese peculiar personaje siniestro que resultaba perfecto para mi historia.

 6. ¿En qué se diferencian las estrategias de investigación de los tres grupos en pugna por la captura del agresor?

Bueno, por un lado, tenemos a Scotland Yard, muy metódicos, muy lineales, muy ingleses… Luego está Gabriel, que está íntimamente ligado a los sucesos que acontecen y cuyo interés personal le lleva a arriesgar más allá de lo deseable, más allá de lo esperado en un caballero de su condición. Y por último, las chicas del Club, cada una con su carácter particular, muy damiselas de la época, como no podía ser de otro modo, pero al mismo tiempo con ese toque rebelde y un poco aventurero que las lleva a meter sus elegantes narices en los asuntos que habitualmente sólo trataban los hombres.

 7. ¿Cuál fue el personaje que más te costó construir? ¿Por qué?

Creo que Gabriel. Y creo que en las novelas de época me pasa siempre lo mismo. Porque por más que estemos en el siglo XXI no debemos olvidar que la época victoriana, sobre la que escribo y en la que se desarrolla el Club de la Orquídea, fue una época tremendamente machista. Y aunque Gabriel es un caballero de ideas modernas, solo podía imaginarle así hasta cierto punto, ya que de otro modo, no sería real ni encajaría en la época de la novela. Es decir, que tuve que intentar combinar en un mismo carácter a un hombre de la sociedad victoriana, con inquietudes y visiones modernas, autoritario aunque sensible, amable y al mismo tiempo, un poco huraño… Ufff… Gabriel me tenía consumida hasta darle la dimensión que tomó finalmente. No quería un personaje mezquino que hiciera correr a Olivia en la primera cita, ¡imagina! Quería que la sedujera pero que no la dominara, porque no quería convertir a Olivia en la típica dama de la época  ni tampoco en una de nuestra época. Porque insisto, las heroínas pueden serlo en todas las épocas y siglos, pero no me creo las historias de época en las que ella se comporta y habla como una mujer moderna del siglo XXI. Así que Gabriel y ella tenían que encajar en su propio ambiente.

 8. Los géneros que abordas en tus novelas son variados: romántica, histórica, misterio. ¿Cómo trabajas a la hora de armar las diferentes tramas?

Es bastante duro, lo reconozco. En estos casos, me viene a la cabeza una idea, una vieja leyenda, una conspiración política o algo que sucedió en realidad y a lo que empiezo a darle vueltas… Algo así como… ¿y qué pasó aquel año en que atentaron en el Parlamento, qué grupo gobernaba, conservadores o liberales, qué sucedía en África y en la India, donde el Imperio Británico atesoraba sus colonias? ¿Y si él perteneciera a una hermandad secreta o si ella tuviera un hermano al que jamás conoció? ¿Y si la reina Victoria la escogiera como confidente y ella fuera capaz de detener alguna conspiración? Así empiezo a hilar la historia, voy perfilando primero los personajes, investigo todo lo que rodea el momento: la política, la medicina, la literatura o las obras de teatro que se estrenaban entonces… Es un trabajo duro, pero casi tan bonito como empezar a escribir la historia.

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 9. Hace casi 10 años se publicó tu primera novela, ¿qué cambió para vos desde ese momento? ¿A qué te dedicabas con anterioridad?

Soy funcionaria desde 2004, lo cual ha sido una ayuda, porque ya sabemos que con lo mal que está el trabajo, no todo el mundo puede tener la tranquilidad de un ingreso fijo y un horario que te permita luego dedicar algún tiempo a otra tarea. Así que dicho esto, me siento muy afortunada de poder seguir escribiendo, quizá no al ritmo que a veces me gustaría por falta de tiempo. La verdad es que todas las cosas que cambiaron en mi vida no tuvieron que ver con la publicación de mi primera novela, aunque me hizo tremendamente feliz poder compartirla con alguien, eso es cierto. Digamos que escribir para mí ha sido algo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, ha sido como una tarea placentera y paralela a la evolución habitual de la mayoría de nosotras. Conseguir un trabajo fijo, casa, pareja, una hija… Y a la par, escribiendo todo lo que podía y con la gran suerte de contar con personas en el mundo de la romántica que fueron confiando en lo que yo hacía. Y por supuesto, lo más importante, lectoras que decidieron darme una oportunidad y a quien espero no defraudar nunca, porque sin ellas, Ebony Clark nunca habría existido.

 10. ¿Hay alguna pregunta que jamás te hayan hecho y sobre la que quisieras hablar?

Pues no se me ocurre. Pero si te parece, es una forma de dejar la puerta abierta para charlar otro día. Estaré encantada de responder a todo lo que vaya surgiendo. Animo a quienes aún no lo hayan hecho, a leer El club de la orquídea. Y deseo de corazón que la disfruten tanto como yo en cada página. Y para vuestro blog, un millón de gracias por contar conmigo y por realizar esta entrevista. Quedo siempre dispuesta para cuando os apetezca. Os mando desde Canarias, España, un abrazo muy, muy fuerte y cálido.

Entrevistas, Histórico, Lecturas, Novedades, Romántica, Sorteos

Se habla mucho del gran héroe patrio, pero poco de aquellos que lo circundaban, en especial de las mujeres.

Magalí Varela y la reedición de "El cruce del laberinto"

Magalí Varela es una joven escritora que, apenas en los treinta, ya cuenta con varios títulos en su haber. Nos contactamos con ella a propósito de la reedición de bolsillo de El cruce del laberinto, publicado por Vestales en 2012, a partir de la siguiente premisa: ¿qué papel cumplieron algunas mujeres para contribuir a la gesta patriótica e independentista que lideró el General San Martín?

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1.¿Cómo llegó a tu vida la escritura?

La escritura llegó a mí como creo que le sucede a la gran mayoría de los escritores: primero fui lectora y luego, cuantos más libros leía, más sentía que yo también tenía cosas para contar. Me gustaría decir que la escritura fue una vía de escape para mi infancia y adolescencia incomprendidas pero no, eso fue la lectura. Al leer es más fácil relajarse y zambullirse en historias y mundos que no tienen nada que ver con nuestra vida cotidiana. Escribir, en cambio, es otras cosa; es hurgar dentro de uno mismo y revolver en lo que sea que cada uno lleva consigo en busca de respuestas. Así que, para mí, la escritura es un modo de descubrir quién soy.

2. ¿Quiénes fueron tus mayores influencias?

Todo buen libro que alguna vez haya caído en mis manos. De todos traté de aprender algo, de manera consciente o no. Si dijera dos o tres nombres de autores estaría siendo injusta con todos aquellos otros que también han tenido un rol en mi formación como escritora pero que sería tedioso enumerar ahora mismo.

3. ¿Escribís en algún lugar en particular? ¿Algún horario? ¿Escuchás música?

Escribo en mi estudio. Muy rara vez fuera de él porque es muy poco lo que puedo producir  en un bar, por decir un lugar; hay muchas distracciones. En estos momentos no tengo un horario en particular, antes sí, me gustaba escribir de noche porque la casa era una tumba. Es lógico, cuando empecé a escribir era muy joven y todavía vivía en la casa familiar. Luego, al mudarme a una casa propia, los horarios se volvieron más flexibles. En cuanto a la música, depende mucho de la fuerza de la idea. Si una idea está muy patente en mi cabeza, no tengo necesidad de música porque no le prestaría atención. Si tengo que trabajarla un poco más, algo de música ayuda.

4. Nos encontramos cerca de un nuevo aniversario de la muerte del General San Martín, que coincide con la reedición de El cruce del laberinto. ¿Cómo fue la decisión de enfocarte, no en el héroe consagrado, sino en las mujeres que ayudaron a confeccionar los símbolos patrios?

Fue una propuesta que surgió en una charla con mi editora. Se habla mucho del gran héroe patrio pero poco de aquellos que lo circundaban, en especial de las mujeres. Como escritora, me gustó que ahí había algo nuevo para contar o, mejor dicho, un contexto fresco con el que trabajar.

5. ¿Cómo fue el proceso de investigación?

Por momentos, carente de recursos. Había muchísima información sobre San Martín y el ejército y poco a disposición sobre este grupo de mujeres y de su mundo íntimo. Me vi obligada a tomarme licencias literarias para poder construir algo más concreto que la información que está al alcance de la mano. De todas formas, cuando se escribe ficción es bastante normal y hasta esperado. El cruce del laberinto no es un libro de historia, es una novela.

6. ¿Cómo es Sofía Ocampo? ¿En qué/quién te inspiraste para su constitución?

Sofía representa a la niña que debe convertirse en una mujer adulta casi a la fuerza. Aparenta ser una cosita frágil y abandonada a las circunstancias de su época y de todos aquellos que la rodean, pero en realidad no es muy diferente a cualquiera de nosotros en nuestra adolescencia (dejando de lado, la época en la que transcurre la historia). Nadie tiene las cosas en claro a esa edad, así que yo la considero un personaje muy humano. En la historia de las Damas de Cuyo no existe Sofía Ocampo, así que no está inspirado en alguien de la historia oficial. Sin embargo, eso no quiere decir que no esté inspirado en algo real. Ese algo real son los deseos y las actitudes de mujeres reales. El personaje está inspirado en aquello que yo sé o de aquello que yo supongo, sería el comportamiento o la personalidad de una chica de su edad, en su circunstancia, en esa época. Quería reflejar en Sofía una mujer real y no una heroína de ficción.

7. ¿Qué pasa con el mundo interior de los personajes, con sus laberintos, y la exigencia y responsabilidad de llevar adelante la gesta patriótica?

Esta pregunta es clave pero no puedo responderla porque de eso se trata la novela. Cómo lidian los personajes con todo eso es de lo que trata El cruce del laberinto. Explicarlo no solo sería revelar cosas de la trama sino también reescribir la novela, porque lo que yo diga ahora no será siempre igual a la interpretación que haga el lector. No todo está dicho en el papel, el lector después hace su propio trabajo de comprensión.

8. Empezaste a publicar hace siete años, siendo muy joven: ¿cómo cambió tu vida y cómo te sentís hoy, luego de varios títulos editados?

La escritura me dio un propósito y un oficio. Antes no sabía bien qué quería hacer, pero tiene sentido porque, como dice tu pregunta, empecé muy joven, antes era demasiado niña para tener en claro lo que quería. Una vez que entendí que escribir era lo que yo quería hacer, no tuve más dudas. Dejé de perder el tiempo con otras cosas e hice de la escritura mi prioridad, aunque la vida me costara el doble, como a todos los artistas. Hoy siento que tengo los pies más sólidos y mucho más camino por recorrer. Espero el mañana con mucho entusiasmo.

¿Qué hacías antes de escribir?

Trabajaba haciendo cosas que no tenían mucho que ver conmigo pero que me dejaban tiempo suficiente para dedicarme a escribir. Lo mismo que hacen todos los escritores al principio de sus carreras, pienso. Pero fue una etapa que no duró mucho. Para mí, lo que había antes de dedicarme a escribir fue mi infancia y nada más. Yo empecé la mayoría de edad escribiendo, ya me había decidido a no ser otra cosa. Como dijo San Martín: “Serás lo que debas ser…”

Actualidad, Aventura, Aventura, Entrevistas, Histórico, Lecturas, Literatura

Entrevista con L.E. Benítez

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L.E. Benítez es prolífico escritor que cuenta con 24 títulos como poeta, dramaturgo y ensayista publicados en Argentina, Chile, Estados Unidos, Venezuela, México, y España, entre otros. Por primera vez publica una novela con Editorial Vestales: Madagascar se ofrece al público como una historia de aventuras cuyos ejes principales transcurren a través de temáticas políticas y filosóficas: un Estado alternativo con hombres libres que disputa y cuestiona las concepciones que, ya desde el siglo XVII y hasta nuestra actualidad, han determinado que las sociedades sean, básicamente, desiguales.

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¿Cómo llegó a tu vida la escritura?

Comencé a escribir cuentos, muy malos por cierto, a los 13 años. Con uno de ellos, titulado “La Rata Verde”, gané un concurso escolar y el premio era un libro a elección. Yo opté por El Libro de las Tierras Vírgenes, de Joseph Rudyard Kipling, autor que me fascinaba desde antes. Era yo un niño muy lector: en la biblioteca de la escuela primaria, la bibliotecaria no me creía que leía todos los libros que pedía prestados y me exigía un resumen de cada uno de los que había solicitado antes de prestarme otros. Finalmente dejó de hacerlo y todavía recuerdo su expresión de asombro. Mis lecturas eran muy variadas, no solo consistían en libros infantiles. Además leía textos sobre ciencias naturales (una de mis aficiones primeras y que todavía conservo), geografía, historia, mitología… Luego comencé con la ficción, novelas y cuentos para adultos. Leí La Metamorfosis, de Franz Kafka, a los 12 años y no sé si comprendí todo lo que contenía, pero me causó una impresión grandísima. Creo que a partir de mis lecturas comencé a pensar en escribir y que uno lo hace para acceder a los libros que busca en los estantes y no encuentra en ellos. Escribimos los libros que nos gustaría leer. Continué escribiendo relatos cortos durante mi adolescencia, pero pronto comencé a interesarme en la poesía, leyendo autores españoles del Siglo de Oro: Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Garcilaso de la Vega, fray Luis de León, sor Juana Inés de la Cruz. Pero la gran revelación poética para mí y aquel autor que más me influyó fue el gran poeta galés Dylan Thomas. Mi primer libro publicado, en 1980, fue de poesía: Poemas de la Tierra y la Memoria, cuando contaba yo 23 años y en él se ve muy clara la huella de Thomas. En paralelo, continuaba escribiendo cuentos, pero seguían inéditos.

 ¿Quiénes fueron tus mayores influencias?

En prosa y en mis inicios, Alexandre Dumas padre: me leí toda la saga de los Tres Mosqueteros, desde el libro primero hasta los tomos del Visconde de Bragelonne, luego seguí con otras obras del gran Dumas y algo creo que quedó en mis trabajos. Todo lo publicado por Jules Verne, Emilio Salgari, Walter Scott, Harold Foster; ellos marcaron mi interés por los libros de aventuras desde temprano y dejaron su impronta, que asimilé como pude. Continué con Joseph Conrad, Herman Melville,  Robert Louis Stevenson,  Ambrose Bierce, Daniel Defoe, Marc Twain, Edgar Allan Poe, François Rabelais, Jack London, James Fenimore Cooper, Thomas de Quincey,  Bram Stoker, Howard Philip Lovecraft (en Madagascar le hago un pequeño homenaje, pues un supuesto ancestro del maestro de Nueva Inglaterra es socio del capitán Thomas Taylor, uno de los coprotagonistas de mi libro),  Charles Dickens, Nathaniel Hawthorne, O. Henry, muy luego don Arturo Pérez-Reverte… por citar algunos. Con ellos aprendí a escribir y estoy en deuda para siempre. Es que los chicos de entonces, en los ’60-’70, aprendíamos geografía con Salgari, historia con Dumas y otros. Una avalancha de datos, pero además el arte de hacer de un texto algo que interese al lector página tras página. La palabra “ameno” no es una mala palabra, sino un componente fundamental de un texto literario. Los citados eran maestros  en ese arte sutil de darle al lector lo que busca al abrir un libro y sostener su interés hasta la última página, amén de brindarle auténtica y muy genuina literatura. Al escribir mis propias historias, traté de no olvidarme de esa lección fundamental.

¿Tenés un lugar específico para escribir? ¿Algún horario en particular? ¿Escuchas música?

No. Pero tiene que ser un sitio bajo techo y no tiene que haber nadie alrededor. Nada puedo escribir al aire libre, por ejemplo en una plaza, y tampoco en un bar, pues en ámbitos como esos todo me distrae. Eso sí, necesito además de la computadora cigarrillos rubios, café negro y whisky escocés. Son el combustible y lo demás trato de ponerlo yo. Escribo todos los días, rigurosamente, desde hace décadas. Especialmente en el caso de la novela, es fundamental hacerlo todos los días, disciplinadamente. La receta es sencilla, para quienes se inquietan con eso de escribir un texto extenso: “hijo, comienza a escribir una página buena, solo una, el primer día del año, sigue haciéndolo cada día, y para Navidad tendrás sobre tu escritorio el primer borrador de una novela de casi 400 páginas”. Después, a corregir ferozmente y sin encariñarte con ningún personaje o párrafo en particular. Hay que ser indulgente con los demás autores e inflexible con uno mismo.

 En Breve historia de la poesía argentina señalas que el poema debe ser atravesado por cinco lecturas para ser considerado bueno o malo: la corriente poética en la que intenta inscribirse, el grado de coherencia respecto del canon, el desarrollo del discurso textual, etc. ¿Qué pensas en el caso de la novela?

Estimo que mi criterio acerca de la poesía puede ser aplicado perfectamente a la novela, en caso de que, además de gozar como cualquier otro lector de una buena prosa (una de las formas de la felicidad), asimismo deseemos establecer su ubicación en el universo de lo literario y sus quilates específicos. Es algo trabajoso, que implica tiempo y muchas lecturas previas, una formación ya adquirida, no necesariamente académica, pero se trata asimismo de un ejercicio muy beneficioso para el autor, pues a la hora de evaluar sus propia obra, sin mentirse para abajo ni para arriba, sabrá establecer honestamente dónde se ubica lo que él hace. Y ello, definitivamente, contribuirá a que sus trabajos posteriores intenten al menos ser mejores que los pretéritos.

Sos ensayista, sos poeta de larga trayectoria. Ahora nos anoticiamos con una sorpresa: tu primer libro publicado por Editorial Vestales. ¿Qué nos podés decir de Madagascar?

Sin falsas modestias, creo que es de lo mejor que he escrito. Con otras obras tanto poéticas como ensayísticas o narrativas, me sucede al releerlas que me dijo: “fíjate, muchacho, que esto lo podías haber hecho un poco mejor; que aquí exageraste un poquito la nota, que este personaje no te ha salido muy verosímil o que esta escena estorba a la estructura general, etc.”, cosas por el estilo. En vez, con Madagascar sí que siento aquello que mencioné al comienzo, acerca de que uno trata de escribir los libros que le gustaría leer. Me hubiese encantado leer Madagascar a mis 16, a mis 20, a mis 40 años. ¿Por qué? Pues, porque creo que esta novela cumple y muy bien con las lecciones de mis maestros, los ya mencionados: creo firmemente que mi novela induce a ser leída, invita al lector a seguir recorriendo sus páginas y le hace desear que no termine, lo que me sucedía a mí al recorrer capítulos a mi criterio memorables.  Los maestros son inigualables, pero nos brindan una medida de comparación para nuestras propias obras y cuanto más nos aproximemos a ellos, tanto mejor para nosotros y tanto mejor para los lectores. Creo haberlo logrado de modo más acabado con Madagascar que con cualquier otra de mis obras y que felizmente esté editada mi novela y puedan acceder a ella los lectores, es una satisfacción que me llena de alegría, una alegría que puedo ahora compartir con los lectores. Ojalá ellos, al leer Madagascar, obtengan un placer similar, lo más parecido que sea posible, al que yo sentí al escribirla.

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¿Cómo concebiste la trama en ese período histórico?

Todo comenzó leyendo A General History of the Robberies and Murders of the Most Notorious Pyrates (Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas), un tratado firmado por cierto supuesto capitán Charles Johnson, cuya identidad se sospecha que corresponde a uno de mis guías literarios, el ya mencionado Defoe. Es prácticamente la única fuente conocida de la historia de Libertatia, la colonia igualitaria asentada por los gentiles hombres de fortuna del  navío Victoire, a fines del siglo XVII, en Madagascar. La historia, real o no, me fascinó de inmediato y me puse a investigar al respecto, encontrando poco y nada, más allá de la fuente referida. Eso me gustó más todavía, pues hay que entender que en la llamada “novela histórica” la historia cierta y comprobable debe ser comprendida como escenografía y soporte de la ficción. Si la historia condiciona a la ficción, estamos ante un obstáculo. Esto es: que la historia aporte tiempo y espacio, vestuario, modos de ver el mundo de los hombres de esa época, pero que no le ponga trabas a la imaginación. Por ello son más ficcionalizables las rendijas de los períodos históricos, sus zonas oscuras y hasta ciegas: nos permiten fabular y una novela es, fundamentalmente,  una extensa fabulación. Libertatia, la república igualitaria fundada por piratas, en este sentido y aun en otros se ofrecía como más que adecuado marco para una novela. Luego, intensifiqué todavía más esa libertad pedida por la imaginación, transformando los nombres y algo de las circunstancias que Johnson/Defoe nos ofrece en su A General History…. Así, el capitán Thomas Tew, tal el nombre del pirata que acompañará lucrativamente las aventuras y peripecias de los fundadores de Libertatia, en mi novela se transformó en Thomas Taylor y respecto de los fundadores primeros de la colonia, el supuesto capitán Olivier Misson será en Madagascar Olivier Masson y el padre Caraccioli, referido por el tratado de marras, se convirtió en  fray Antonuzzi. Básicamente los mismos hombres en acción y pensamiento, pero con el agregado de todo aquello que aportó la imaginación para cubrir los extensos baches de la escasa información que llegó a nuestros días sobre sus actos y circunstancias. Justamente,  muy probable, pues resulta admisible que Defoe haya hecho lo mismo con la historia que oyó o leyó (vaya uno a saber cuáles fueron sus fuentes… después de todo, ¿qué importa eso?) antes de redactar su tratado, publicado en 1715, cuando todavía estaba fresco el recuerdo de las andanzas de estos caballeros, tan desventurados como extraordinarios.

En tu obra se permite leer una búsqueda poético-literaria que también abarca lo filosófico y lo político. Madagascar parece postularse como prueba de eso al establecerse como escenario de la civilización utópica en el Siglo XVII. ¿Cómo concebirías esa isla en la actualidad?

Política, económica y sobre todo, penalmente, algo semejante a Libertatia sería imposible de concebir, no ya de realizar, en nuestro tiempo. Debemos tomar en cuenta que la materialización de utopías como ella, si es que de veras eso tuvo lugar, resultaban factibles en esos tiempos gracias a que los Estados no tenían un control tan perfeccionado de los individuos como en el presente y también merced a que todavía quedaban sitios como Madagascar, inexplorados, inexplorables casi según las posibilidades de la época. Eso mismo reza para los piratas, que definitivamente no eran figuras románticas como tantas veces fueron pintados, sino (exceptuando a nuestros amigos del Victorie) genuinos criminales del mar. El mejor ejemplo lo tuvimos hace unos pocos años, cuando en el mismo sitio que nombra la novela, El Cuerno de África, con base en Somalia, se desplegó durante unas buen lapso un auténtico renacimiento de la piratería por parte de irregulares, que saquearon, secuestraron y pidieron rescate por buques mercantes al mejor estilo de los tiempos de Morgan, el capitán Kidd y por supuesto, el capitán Tew, el Taylor de mi novela. En pocos meses las armadas de varios países perjudicados por esas acciones criminales acabaron con el fenómeno de modo radical y definitivo. En los tiempos de los que habla mi novela era imposible controlar los mares así como la totalidad de los territorios. Hoy sí es posible y eso le saca toda posibilidad de existencia tanto a “colonias utópicas” aisladas en sitios remotos e inaccesibles como a neopiratas, por mejor armados que se presenten.

¿Pensás que la utopía, en términos de interpelación constante de los sistemas de dominación, tiene cabida en el mundo actual, luego de siglos de regímenes desiguales?

Definitivamente no, pues la imagen de mundo que ha triunfado en la cultura de masas, desarrollada a lo largo de centurias, ha convencido a la mayoría de que la realidad es una sola, inamovible y esa está al servicio de los intereses más poderosos, con los que las concepciones utópicas -desde Tomás Moro a la actualidad: recordemos que fue decapitado por orden directa de Henry VII en 1535, justamente por objetar la voluntad real- inevitablemente han de chocar. Existe una suerte de “cansancio o fatiga”, de tipo ideológico, una característica del presente y también del pasado más reciente, que nos hace ver los conatos y arranques utópicos como fantasías imposibles. Y en nuestro mundo, lo que la mayoría  cree es lo que la realidad “es”, tanto en las mentes como en los medios. Tendrían que cambiar muchas cosas para que la humanidad -como en los tiempos de Moro (el inspirador del fraile Antonuzzi en mi novela), en el siglo XVII y todavía después también- creyera otra vez en la factibilidad de aquellas o de nuevas utopías.

¿Qué personaje de Madagascar fue el que más te costó construir?

Indudablemente el capitán Thomas Taylor, que tiene un carácter muy complejo. Razona como un tendero, en abierto contraste con los idealistas Masson y Antonuzzi, pero se asocia a ellos como Almirante de Libertatia; es verdad que lo hace por interés, para poder esconderse en la colonia Libertatia después de cada una de sus correrías, pero también es cierto que su asombro ante los postulados y las prácticas de los idealistas utópicos de Libertatia cede por momentos a la admiración, aunque no los entienda acabadamente. Por otra parte, siendo calculador y extremadamente frío, Taylor es además un hombre de acción: participa él mismo de los enfrentamientos y arriesga su vida a cada paso, codo a codo con sus hombres. Es tan capaz de discutir con su carcelero, el comodoro Le Blanc, acerca de los derechos jurídicos que lo asisten, insistiendo con el mayor descaro en que es un honrado comerciante cuando todos conocen que es el sujeto más peligroso que navegó el océano Índico, al mismo tiempo que se muestra turbulento y desmesurado en otros escenarios. Además, Taylor le esconde muchas cosas al lector, asuntos que apenas se insinúan, pero que están allí sugeridos en las páginas de Madagascar. Es parte de su construcción, algo que lo hace más verosímil, pues de la gente real nunca alcanzamos a conocer el 100%. ¿Un viejo truco de escritor? Sí, lo es, pero como todos los viejos trucos, de probada efectividad.

 ¿Hay alguna pregunta que jamás te hayan hecho y sobre la que quisieras hablar?

Lo que no me han preguntado hasta ahora es cómo continúa Madagascar, que tiene un final abierto, eso que fascina y también desespera a muchos lectores. Pero como no es una pregunta que me hayan hecho todavía, tampoco quisiera contestarla aún, dejando la respuesta así, pendiente, también abierta, como el final de la novela.

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Mujeres de invierno

El trasfondo histórico de una novela de deseo, ambición y traición

Año 1936. Europa se debate una vez más entre la paz y la guerra cuando la familia López de Madariaga llega a Berlín.

En Alemania el Reichspräsident (presidente) Paul von Hindenburg ha muerto hace ya dos años, y su canciller, Adolf Hitler, ha logrado una ley que combina ambos cargos, asumiendo el poder total con el título de Führer del nuevo Reich (imperio) alemán.

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En adelante, se dedicaría a hacer uso y abuso de ese poder para moldear a la sociedad a la medida de sus deseos. La palabra de moda en Alemania fue entonces Gleichschaltung, que vendría a significar “sincronización”. Los propios nazis la habían puesto de moda para referirse al proceso por el cual la sociedad debía adaptarse a la ideología nacionalsocialista. El primer paso dictatorial a lo que pronto se transformaría en un estado totalitario.

Ignacio, el padre de la familia, ha sido nombrado embajador argentino en Alemania. Retorna a donde antes ha estudiado en sus universidades. Lucrecia, su mujer, hija de alemanes inmigrantes a la Argentina, educada como alemana pisa por primera vez un país que siempre ha sido la referencia en su hogar.

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La hija de ambos, Constanza, sale por primera vez de un colegio en que ha vivido como pupila para entrar al mundo de los adultos, sin conocerlo en absoluto. Para ello contará con la ayuda de la enigmática y rebelde Fiamma, la hija del anterior embajador que permanece en el país con el propósito declarado de completar sus estudios y varios otros por demás ocultos.

Sus historias personales se desarrollan en el contexto de diversos acontecimientos del mundo de la época, tales como las Olimpiadas de Berlín del 36, la Exposición Internacional de Artes Aplicadas del 37, el Pacto Naval Anglo Alemán del 38, la botadura del acorazado Bismarck en el 39.

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Allí los protagonistas cruzan sus historias con personajes históricos como Winston Churchill, Adolf Hitler, Magda Goebbels o un jovencísimo Jack Kennedy.

Se trata de un tiempo extraño en que todo cambia con rapidez y no siempre para mejor.

En el clima previo a la Segunda Guerra Mundial, los López de Madariaga libran su propia guerra anticipada.

A lo largo de su trama, los lectores se adentran en la vida pública e íntima de una familia  y un tiempo de secretos a voces, de dolorosos pasados, de cuentas recíprocas no saldadas.

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Mujeres es, además, la epopeya de una época. Una novela sobre las contradicciones que el devenir de los sucesos impone al alma humana y los juegos que nos presenta el destino.

Se trata de una historia fuerte aunque no exenta de ternura; inquietante, dinámica, llena de sorpresas, con personas que permanecen en el lector mucho tiempo después de cerrar el libro, justificando el amplio recibimiento que la obra ha tenido en el público y que ha hecho de esta novela un clásico inmediato de nuestro tiempo.

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Novedad editorial: Testigos Invisibles

10 preguntas a Agustina Caride

Para festejar la salida Testigos invisibles, primer título que la escritora juvenil Agustina Caride publica con nuestro sello, nos contactamos con ella y nos habló de cómo concibió el libro, y a Any, su protagonista.

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¿Cómo llegó a tu vida la escritura?

Por mi papá. A él le gustaba escribir y, de chiquita, me inventaba títulos para que yo escribiera un cuento. Después me los corregía. Supongo que era un momento especial, de padre e hija. También, un amigo de mis papás, cuando leyó una carta que yo había escrito a mis abuelos, había dicho que la carta era genial y que yo tenía que escribir. Así que la escritura rondaba en mí desde chiquita.

¿Quiénes fueron tus mayores influencias?

Yo leía mucho (toda la colección Robin Hood, Anne de los tejados verdes fue mi libro favorito), me gustaban las novelas románticas pero los escritores que me marcaron (desde el punto de vista literario), los conocí de grande o en la facultad. Muñoz Molina es uno. También la literatura latinoamericana (Varga Llosa, G.G Márquez, Rulfo, Cortázar). No tengo un género único, por eso también me gusta escribir variado.

¿Tenés algún lugar específico para trabajar? ¿Algún horario? ¿Escuchás música?

En mi casa tengo un rincón donde está mi escritorio. Nunca pude escribir en bares, me distraigo mucho. Por eso tampoco escucho música, porque canto o tarareo. A veces sí, antes de escribir escucho algo que necesito que me inspire (como la música que escucha el personaje), pero no durante el proceso mismo de escritura. También me pasa que, al escribir una escena, la imagino con cierta canción de fondo. No la pongo, pero está rondando en mi cabeza. Soy más productiva a la mañana (y lo malo es que si me engancho me quedo sentada todo el día).

¿Cómo fue la decisión de abocarse a la literatura juvenil?

Empecé con lo infantil por una beca que me gané en el Fondo Nacional de las Artes.  Ese fue un salto hacia un mundo que, no creí, exploraría. Después, con mi hija adolescente que me traía las sagas de moda, empecé a descubrir que había historias o ideas que no cuadraban para los chicos, y tampoco para adultos. Así empecé con lo juvenil. Me gusta, de todas formas, escribirles como lo hago a los adultos. Me gusta un lector atento, y soy exigente al lector que le escribo. Quiero decir, los considero grandes y capaces de leer temas de ellos, pero con altura literaria.

También dictas talleres de escritura, de lectura, de teatro. ¿A través de qué procedimientos del arte consideras que los jóvenes encuentran su voz?

En la lectura, más que nada. Cuando empecé a escribir juvenil me sorprendió gratamente ver la cantidad de chicos que leían, y la pasión que tienen por los libros. El libro volvió a ser un objeto preciado y deseado y eso es algo que se había perdido en los adolescentes, y en la juventud. Es difícil pensarlo, sobre todo en estos tiempos que la imagen viene ganado tanto espacio. Por eso me gusta apostar por ellos, que no esperen todo del cine o la serie, que dejen espacio a la imaginación porque en las palabras nunca está todo dicho, el lector es, en cierta forma, el que termina un libro.

Además de Licenciada en Letras sos paisajista. Leí que, desde chica, soles nombrar a los objetos, como si ellos hablaran y te contaran historias: ¿cómo es para vos conjugar el paisajismo y la literatura, la vida de los objetos, tu infancia y tu papel de madre?

Escribir es crear y diseñar. Cuando uno escribe levanta paredes, moldea mundos. Con el paisajismo se hace lo mismo, uno diseña un espacio y le da forma y color con plantas. En la literatura se hace pero con el juego de palabras. Los objetos para mí  tienen vida, porque forman parte del recorrido de uno. Tienen un pasado y cuentan también alguna historia. Al estilo: “Esto me lo compré en tal lado, después de que me pasara tal cosa…” O es un regalo de alguien y entonces guarda a ese alguien, o al momento de recibirlo. Como madre, me gusta decirles que soy generadora de recuerdos, como una fábrica de momentos. Algún día, ojalá, ellos también digan: “Esto me lo enseñó mi mamá, o mi mamá nos disfrazaba, o con mi mamá hicimos una casita en tal lugar”. Creo que no hay nada mejor que dejarles buenos momentos y esto es tal vez porque mi infancia está plagada de buenos momentos. Aunque en casa siempre faltara plata, aunque hubiera discusiones, a mí no me quedó eso, me quedó mi papá podando geranios en el balcón, mi mamá tirada en el pasto conmigo mirando estrellas, me quedaron las vueltas carnero en la plaza o las idas a Mar del Plata.

¿Quién es Margarita y qué nos trae con Testigos invisibles?

Margarita fue mi primera computadora. Era de las gordas y culona, me la había comprado con mi plata y por eso merecía un nombre, porque me había costado tenerla y porque con ella los trabajos de la facultad fueron más fáciles (y no la máquina de escribir). A partir de ahí mi compu fue cambiando con los avances tecnológicos, pero todas son como hijas de Margarita. Y con Testigos nos trae a una chica que, como la tapa, está un poco perdida, sin saber lo que hay adelante. Any es una chica que percibe mucho, solo que todavía no sabe cómo ver, ni qué es lo que tiene que ver.

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¿Cómo construiste el personaje de Any?

Cuando trato de pensar cómo explicar a Testigos me doy cuenta que es muy difícil hacerlo sin spoilear. La novela tiene mucho de ir descubriendo cosas, porque uno va a la par del personaje que, a su vez, no sabe ni entiende lo que le está pasando. Y a la vez hay situaciones que para ella son normales pero que el resto se las cuestiona, y eso lo vuelve más confuso para ella (y para el lector). Por eso elegí la primera persona, quise que fuera Any la que narrara, para que el lector caminara en sus mismas tinieblas, para que sintiera las mismas dudas que va viviendo ella y, al mismo tiempo, se sorprendiera como ella cuando va descubriendo finalmente qué fue verdad, qué sueño. Es un personaje que a mí me genera ternura, tal vez porque sé que no es fácil lo que se le viene, descubrir que es dueña de un don especial.

La trama se constituye con el puntapié inicial de una pérdida para luego hacernos entrar, como lectores, en el mundo íntimo de los adolescentes, de una adolescente en particular. ¿Qué cabida tiene lo normal, lo paranormal y su relación con los adultos?

Podría decirse que Testigos invisibles está cuadrado dentro del género sobrenatural o fantástico. Todo parece muy normal y al mismo tiempo la duda recorre la novela. ¿Esto es así? ¿Existió la vecina? ¿Qué está queriendo decir el sueño? Y así con un montón de preguntas que el lector se va a ir haciendo junto a Any o junto a los demás personajes que son, después de todo, los que le cuestionan a Any eso que ella asegura haber visto o escuchado y que nadie ve ni escucha. Que Any sea una adolescente no es casual, está justo en una edad de descubrimiento, de despertar y al mismo tiempo de duda. Eso es la adolescencia. La infancia, el juego y la imaginación quedaron lejos y hacia delante hay un abismo. Si un nene escucha ruidos raros o dice conversar con alguien mientras juega, el mundo adulto lo entiende como parte de ese juego, como parte de la imaginación del niño. Pero a cierta edad, si escuchás ruidos o ves gente o soñás extraño, ya estás cruzando una franja que es la de la locura. Any necesita demostrarse que no está loca. Porque ya no es una nena, ya está entrando al mundo adulto y en ese mundo hay ciertas cosas que no pueden verse ni decirse. Sin embargo Any va a demostrar lo contrario.

 

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El protagonista de Ojos grises, Máximo, creo que fue el más oscuro de todos los personajes que escribí, es el que mayor mochila tiene.

Conversamos con Claudia Barzana, Parte II

En el género histórico romántico casi todas son autoras mujeres. Ahora se da que hay más hombres. ¿Te pasa algo con eso? ¿Pensás que por ahí un hombre puede ofrecer una mirada distinta de algún proceso?

La visión del hombre y la mujer es distinta, pero no quiere decir que un hombre no pueda contar una historia interesante. Quizá el vínculo…creo que uno lee la novela que le gusta, no estás determinando si es hombre o mujer. Del mismo modo te podría decir que hay autores que manejan el thriller de un modo maravilloso, y hay autoras que también lo hacen.

Sucede entre las escritoras también: un estilo, un color, una minuciosidad específica.

Es que yo creo que también lo que marca la diferencia es el estilo que tenga cada escritor. Creo que si tirás el mismo tema, los autores van a escribirla de modo distinto; no tiene que ver con el género sino que cada uno llega con la sensibilidad que tiene de modo distinto. Los protagonistas y el tenor es diferente y eso es lo que enriquece al propio lector: “Leo a tal porque me gusta esto…”. Creo que los autores se pueden destacar en cuanto a la trama, otros respecto de la descripción…

O desarrollo de los personajes

Eso para mí es especial: yo escribo una biografía para cada personaje. No importa si le pongo datos: primero elijo los nombres y luego, pero antes de escribir, le dedico mucho tiempo a la biografía, la data de cada personaje. Puedo no dar datos que yo sí tengo y que me permiten saber cómo van a actuar. Eso me va a dar un hilo conductor. Es extenso. Si le doy determinadas características me habilita saber cómo se va a vestir, cómo va a reaccionar ante determinadas situaciones. Después, si va o no va, no sé, pero a priori busco libros. Entre la historia de lo que leo y pienso surge la trama y, una vez que tengo lugar y época y cómo quiero contar la historia, empiezo a trabajar los personajes. Cuando tengo los principales y secundarios hago una estructura.

Abocada de lleno a cada uno de los procesos del libro. Eso está bueno porque te ofrece un mapa de actitudes, color y textura de los personajes.

Totalmente. El final yo lo sé antes de empezar, y la estructura me permite no dejar detalles al azar, sueltos. Me ordena, me permite saber que algo que por ahí pongo en el capítulo 3 va a surgir más adelante. Así voy cerrando bien las historias. Al principio, en mi primera novela, fue una sugerencia que me hicieron y yo la detesté. Pero me ayuda, porque yo no soy una escritora que me pongo escribir así nomás: hay autoras que sí lo hacen y les va fenómeno. A mí me gusta meterme con los personajes, me da solidez que cada personaje sea distinto: en mis novelas las historias son varias, no solo la de los personajes principales y, si tiene que haber un conflicto       –que por supuesto siempre lo hay–, investigo y estudio para no sea uno que haya trabajado, o el modo de acción y reacción de los personajes ante esos conflictos.

Respecto del  boom de la literatura romántica y el feminismo, ¿qué pasa con las novelas histórico-románticas? ¿Qué tipo de mujeres te parece que presentan? En general, uno podría pensar que se encuentran en una desventaja emocional o económica y conocen a un hombre, empresario, rico, noble, aristócrata. Y después hay personajes más fuertes, más libres. ¿Cuál es la relación que tiene el con los géneros sexuales, si es que la hay? Porque como literatura, la romántica es absolutamente amplia y variada.

En principio nunca me gustó enrolarme en el feminismo. Me parece que, si vamos a hablar de mis novelas, te tenés que ubicar en tiempo y espacio. Los personajes femeninos reflejan la sumisión de la mujer en todo sentido. Encontrar dentro de las ocupaciones de las mujeres… investigar. Después, en toda sociedad, hay mujeres que descollan, que van en contra de los preceptos del hombre y la sociedad, pero en la mayoría de los casos no sucede. También tenés que encontrarle algo a la heroína a la novela, darle más brillo. Uno busca qué lugar ocupaba el hombre y la mujer: ella en la casa y, para él, todo un mundo puertas afuera. Toda la evolución de la mujer en la historia, los derechos que ha adquirido lo lleva el devenir histórico. Vos no podés sacar de contexto, bah, podes hacerlo porque es todo creación. La historia novelada te permite lo que sea, pero si lo haces en el ámbito histórico tratas de reflejar los cánones.

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¿Hay algún personaje que hayas detestado construir o sufrido con su composición? ¿Por malvado, miserable, traidor?

Yo diría que es exactamente al revés: los malos son inimputables. Yo tuve un desafío porque quería hacer un personaje malo, pero malo-malo. A mí no me gusta “abuenar” a los malos. Y yo construí –en mis novelas siempre hay un malo– en La invención del mañana un personaje, Concepción, que era mala hasta el último instante: inconmovible, resentida hasta el final. Yo me había puesto como objetivo, a veces cuando uno lee las novelas los malos son tan ricos que absorben al bueno. Yo quería tener –en este diálogo que tengo conmigo misma (risas)–  a cada personaje en su lugar. Me pasó algo muy gracioso: cuando empezaron a leerla, me llegaban mensajes: “Claudia, estoy en la página x y te estoy odiando”. “Calculo que más adelante me vas a volver a querer”, respondía yo entre risas. Fue una conmoción. Ahí me di cuenta de que estaba bien construida: traspasaba el papel, era insoportable y no la aguantaban. Sí me sucedió con personajes, algunos protagónicos, que yo estuve totalmente conmovida: con Lo indómito del espíritu, por ejemplo. El personaje masculino va en busca de su pasado y ahí decide si puede encontrar su felicidad. Me conmovía todos los días con ese personaje.  El protagonista de Ojos grises, Máximo, creo que fue el más oscuro de todos los personajes que escribí, es el que mayor mochila tiene. Él surge en El ímpetu del mar: era la contrafigura del protagonista de la cuarta novela, era un tipo noble. Yo no quería que en Ojos grises mantuviera el mismo nudo de conflicto: que fuera otro. Eso era el pasado. Yo suponía que la lectora que había leído el libro anterior no quería repetir. Máximo fue, para mí, uno de los personajes más conmovedores. Hay un personaje secundario, Teresa, una enferma dentro del hospital de dementes. Fue un desafío porque siempre trabajo con lo histórico-político, pero ahí me metí con un tema que me era totalmente ajeno. Así que me tuve que poner a estudiar. Ella me enterneció y hay escenas que, al leerlas, se me caen las lágrimas. Es re loco que pase eso. Cuando termina la novela tengo el siguiente rito: el ida y vuelta con la editorial y cuando sale en papel me encierro y me la leo. Es muy loco: yo puedo poner una distancia, me pongo en lectora. “A ver qué me cuenta esta persona, qué me genera a mí”. Yo tengo el libro y veo la página 91, ponele, es la misma 91 que van a tener todas las lectoras: qué te pasa con eso. Además, en ese momento, el libro deja de ser tuyo. La cita es una parte de Los Miserables, pongo una en cada novela. Si no define la novela, define otra cosa; en este caso lo define a él. Yo le doy importancia. Uno se pone parámetros y ahí dentro puede pasar cualquier cosa. Vos te moves con esa cintura.